De los restos de cocina a una tierra llena de vida: nuestra experiencia con el vermicompostaje
¿Os habéis preguntado alguna vez qué ocurre con los restos de frutas y verduras que tiramos cada día? Algunos pueden convertirse en un recurso muy valioso para nuestras plantas gracias al trabajo de unos animales pequeños, discretos y extraordinariamente útiles: las lombrices.
En El Mercado de Honey Tina nos gusta aprender de la naturaleza, experimentar y compartir nuestros descubrimientos. Por eso, hoy queremos contaros cómo hemos empezado a explorar el mundo del vermicompostaje, una forma de aprovechar los residuos orgánicos y devolver nutrientes a la tierra.
Todo empezó en un taller de vermicompostaje
Hace unas semanas, una persona de nuestro equipo tuvo la oportunidad de participar en un taller organizado por el grupo LOMBRICULTURA, en el vivero Horticultura Muns, en Viladecans.
Hasta entonces, conocíamos el vermicompostaje principalmente por experiencias de amigos y familiares. Esta vez pudimos descubrir de cerca cómo funciona y, sobre todo, ver sus resultados.
Durante el taller asistimos a la cosecha de una vermicompostadora que llevaba varios meses en funcionamiento. Las lombrices, junto con los microorganismos presentes en el sistema, habían ido transformando la materia orgánica en un material oscuro, suelto y rico en nutrientes: el vermicompost.
Es un excelente recurso para mejorar las propiedades del suelo y favorecer el crecimiento de las plantas.
Lo más interesante fue comprobar con nuestros propios ojos cómo algo que normalmente consideramos un residuo puede volver a formar parte del ciclo natural.
Al terminar, los participantes nos llevamos una pequeña cantidad de aquel vermicompost. Y además, nos regalaron unas cuantas lombrices.
¡Una oportunidad perfecta para continuar aprendiendo en casa!
Nuestras nuevas compañeras de balcón
Sí, ahora tenemos unas pequeñas lombrices viviendo en una maceta del balcón. Las estamos alimentando, observando y descubriendo poco a poco cómo se comportan.

Una de las cosas que más nos sorprende es que no necesitamos un gran terreno para acercarnos a este pequeño mundo.
Un balcón o una terraza pueden ser suficientes para iniciarnos, siempre que dispongamos de un recipiente adecuado y podamos mantener las condiciones que necesitan las lombrices.
Eso sí, nuestra maceta es un pequeño experimento de observación, no una vermicompostadora preparada para funcionar a largo plazo.
Si queremos mantener una población de lombrices y producir vermicompost de forma continuada, lo más recomendable es utilizar un sistema diseñado para ello.
Sea cual sea nuestra elección, tendremos que prestar atención a algunos aspectos fundamentales: mantener la humedad adecuada, asegurar una buena ventilación, evitar el exceso de alimento y proteger las lombrices de las temperaturas extremas.
Y, sobre todo, tener paciencia. La naturaleza tiene sus propios ritmos.
¿Qué comen las lombrices? Nuestros primeros descubrimientos
Una de las partes más entretenidas de esta experiencia está siendo aprender a alimentar a nuestras nuevas compañeras.
Las lombrices pueden aprovechar muchos de los restos vegetales que generamos en la cocina. Pero eso no significa que podamos echar cualquier cosa en su recipiente.
Entre los restos que podemos ofrecerles encontramos:
- Pieles y restos de frutas y verduras.
- Hojas de lechuga y otras hortalizas.
- Pequeños trozos de vegetales.
- Posos de café, en cantidades moderadas.
Además de los restos que les sirven de alimento, conviene añadir materiales secos, como hojas secas o cartón sin plastificar y sin tintas problemáticas, para ayudar a mantener el equilibrio de humedad y la estructura del sustrato. Podemos incorporar también pequeñas cantidades de cáscara de huevo bien triturada como aporte mineral. No son lo mismo que los restos vegetales con los que las alimentamos.
En cambio, es mejor evitar carnes, pescados, lácteos, aceites, alimentos cocinados con sal o salsas y grandes cantidades de cítricos.
Algo que estamos aprendiendo es que no se trata de darles mucha comida, sino de proporcionarles la cantidad adecuada. Conviene añadir nuevos restos a medida que los anteriores se van descomponiendo.
También ayuda cortar los vegetales en trozos pequeños, ya que facilita su descomposición.
Hemos resumido estas recomendaciones en la guía ilustrada que acompaña este artículo como imagen principal, para que podáis consultarla fácilmente.
Hay algo curioso en todo esto: cuando empezamos a separar los restos vegetales para nuestras lombrices, también nos hacemos más conscientes de la cantidad de residuos que generamos.
Y eso ya es un aprendizaje importante.
Aprender de la naturaleza también puede ser un juego
El vermicompostaje nos parece una actividad especialmente interesante para compartir con los niños.
Nos permite observar seres vivos, comprender cómo se descompone la materia orgánica y descubrir que incluso los animales más pequeños cumplen funciones esenciales en la naturaleza.
También nos enseña a tener paciencia, a observar los cambios y a cuidar de otros seres vivos.
Para continuar explorando este tema, hemos preparado una ficha didáctica gratuita de busca y colorea, pensada para que los más pequeños puedan identificar algunos de los alimentos que aprovechan las lombrices.
Seguimos aprendiendo, lombriz a lombriz
Nuestra experiencia con el vermicompostaje acaba de empezar.
De momento, tenemos unas cuantas lombrices en el balcón, muchas ganas de observarlas y todavía más preguntas por resolver.
Queremos descubrir cómo evoluciona nuestro pequeño experimento, qué condiciones les resultan más favorables y cómo se va transformando la materia orgánica con el paso del tiempo.
Y nos gustaría seguir compartiendo con vosotros lo que vayamos aprendiendo, incluidos los errores y las dificultades que encontremos por el camino.
Porque creemos que acercarnos a la naturaleza no requiere grandes proyectos: a veces basta con observar lo que ocurre en una pequeña maceta.
¿Habéis probado alguna vez el vermicompostaje? ¿Tenéis lombrices en vuestro huerto, jardín o balcón?
Nos encantará conocer vuestras experiencias y consejos.
¡Seguimos aprendiendo juntos!

